miércoles, 4 de mayo de 2016

CONCURSO "CONTANDO EN CORTO"
RELATOS DE ALUMNOS CON MENCIÓN ESPECIAL 
SEGUNDA CATEGORÍA
  
Daniel Sánchez Arroyo. 1º C Bachillerato.

UNA VIDA MALGASTADA
Cuando entró en la biblioteca ya estaba allí. Se acercó: "Que la vida iba en serio”. Cercano, preocupado, cálido. Seis palabras, y ningún significado. Con el tiempo, regresaron. Y, años después, otra vez. Pero es ahora, que ya no sirve de nada, cuando por fin las comprendo. 


 
Celia Rufo Martín. 2°A bachillerato 
 
EL aciago
Cuando entró en la biblioteca ya estaba allí. Enhiesto, sostenía Guerra y paz entre sus finos y rápidos dedos. Las paredes rezumaban tensión, sostenida por la lampara que rielaba y acunaba su corazón en un abismo.
Dibujo un amago para que tomara asiento. No pudo negarse a sus deseos; su yo interior crepitaba anhelando que su razón se doblegara a aquella rasgada mirada. Pero una historia entre ambos era inaudito.
Introdujo una mano en su escote y colocó el cañón entre sus oscuras cejas. Antes de apretar el gatillo distinguió un fulgor lúgubre en las pupilas de su resignado amante.
Y vio cómo se resquebrajaba su sueño, vio cómo su grave voz crujía, vio cómo dos mutiladas almas se desprendían. 

 

 
Victoria Costa Ferrero 1º D Bachillerato

PASOS
Cuando entró en la biblioteca ya estaba allí. Era una sombra, o un sueño, o la idea de un sueño... o una mezcla de todo. Un pensamiento que sólo podía surgir del rincón más profundo de la mente más perversa y de los proyectos de la más trastornada. Era una criatura indescriptible, trazada por el pincel roto, abandonado y maldito de algún artista caído en desdicha; imposible de mirar fijamente sin volverse loco.
Sin embargo, ya había entrado en la biblioteca. Dio un paso hacia ese ser. Y otro. Cada uno más frío y rígido que el anterior... Hasta que una voz en su interior aulló:
"!CORRE!". Sintió una sacudida que le obligó a girarse a la puerta, ya cerrada. 


VICENTE BARBA GARCÍA. 1º D Bachillerato

Y REGRESÓ.
Cuando entró en la biblioteca ya estaba allí yo, sentado en una mesa de madera negra, la mirada ausente. Llevaba esperando unos pocos minutos cuando oí que a mi espalda rechinaban las bisagras de la puerta. Me giré y apenas si tardé medio segundo en reconocerlo. El tiempo le había surcado de arrugas el gesto, pero aún conservaba su adusta expresión, imperecedera, inolvidable.
-Hola, hijo -me dijo, y dejó sobre la mesa un revólver envuelto en un pulcro pañuelo de seda blanca.
Lo miré, lo cogí y lo sopesé tras despojado de su "papel de regalo".
-Al fin regresaste a cumplir tu promesa... Papá.
Tiempo después supe que el disparo se oyó en un kilómetro a la redonda.


No hay comentarios:

Publicar un comentario